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ALEMANIA Y EL HOLOCAUSTO

gen22En los últimos años éste está siendo el aspecto más controvertido del periodo nazi. ¿Conocían los alemanes medios y comunes los efectos del Holocausto?.
Como es lógico delante de una dicotomía, es que hayan respuestas para todos los gustos. Sin embargo cada vez va resultando más aceptado el hecho de que el alemán medio sí conocía la política exterminadora de los nazis, aunque prefería no conocerla.
Recientemente se han publicado las 900 páginas del diario de un funcionario judicial alemán llamado Friedrich Kellner. El hallazgo de este diario, ofrece una respuesta a la pregunta que historiadores y filósofos alemanes siguen haciéndose hoy en día. ¿Qué podía saber el individuo anónimo y en qué medida, por tanto, puede ser considerado responsable?. Y la respuesta es quizás no conocían a fondo los detalles técnicos, pero sí comprendían las líneas directrices de la política nazi, sus objetivos y los medios que utilizaban.
Kellner refiere conversaciones mantenidas al azar y cita fuentes de acceso público como periódicos y programas de radio y en menos de un año de gobierno nazi ya había llegado a una conclusión certera: “está claro, se trata del exterminio de los judíos y los polacos”, escribe horrorizado. Especialmente irónicos son sus comentarios sobre las noticias y partes de guerra en los que descubre con enorme facilidad el material de propaganda del régimen, cuya escasa coherencia planteaba dudas a cualquier análisis medianamente crítico.
Para comprender mejor el estado de ánimo del pueblo alemán que, al menos con su silencio cooperó al holocausto, hay que tener en cuenta unos traumas nacionales sin precedentes: en los alemanes pesaban gravemente la derrota inesperada en la Gran Guerra, la abdicación del Emperador, la amenaza de la revolución comunista en su propio país, la humillación del Tratado de Versalles y la perspectiva de pago de exorbitantes reparaciones de guerra a los Aliados.
Así, cuando el pueblo alemán se vio obligado a evitar el contacto social y económico con los judíos, desarrollaron una “indiferencia fatídica” hacia el destino de los judíos. Por lo que la política anti-judía llevada a cabo en los años previos al comienzo de la guerra contó con una amplia aprobación social, por cuanto no afectaba a las experiencias diarias de la gran mayoría de la población. Desde otro punto de vista, se ha preferido calificar de “complicidad pasiva” a la actitud de la ciudadanía alemana ante el trato dado a los judíos por parte del nazismo.
Los españoles que vivimos los años cuarenta y cincuenta somos el pueblo que, tal vez, pueda comprender mejor la “complicidad pasiva” de los alemanes.

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