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ANTONIO

B9EhtfGCEAE8FzRLos jóvenes, e incluso los no tan jóvenes, pensarán a qué Antonio me puedo estar refiriendo. Y sin embargo, para la gente más madura, de Antonio sólo hay uno. La figura más majestuosa que ha dado el flamenco, y que nunca más se repetirá.

Antonio Ruiz Soler (1921 – 1996), su baile era la perfección dentro de una ortodoxia gitana. Su zapateado era único, era el mejor instrumento para seguir el ritmo, no hacía falta ni músicos ni acompañantes ni guitarras, sólo su taconeo.

Fue un niño prodigio, que a los siete años ya hacía actuaciones por los cafes-teatros. Triunfó durante muchos años y por todo el mundo, en especial por América. Recuerdo el éxito que tuvo en su presentación en Moscú, como réplica a que el ballet de la Opera de Moscú se presentó en Madrid y Barcelona. Fue el mejor embajador artístico que España pudo presentar.

Conozco pocas cosas de su vida, pero sí que era gay. Y en aquellos tiempos de dictadura no tenía que ser fácil la vida para un gay. Hasta el punto que sus representantes tuvieron que inventarse varios “romances” con actrices de postín, tales como la misma Ava Gardner, Vivien Leigh o Gina Lollobrigida. También con la misma Duquesa de Alba.

Antonio encandilaba al público con el “Zapateado” de Sarasate, “El sombrero de tres picos” de Falla, las “Danzas fantásticas” de Turina, las “Sonatas” del vestidos de novia padre Soler, etc. Bailó para grandes personajes: en la Casa Blanca, cuando fue elegido Presidente John F. Kennedy, para la Reina Isabel II de Inglaterra, etc.

Su final fue triste. Estuvo dos años postrado en una silla sin poder mover tampoco los brazos, todo por culpa de una hemiplejía. Se deprimió y no quería recibir a nadie. También los ciudadanos poco a poco nos hemos olvidado de él, y sin embargo fue único, creedme.

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