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Clase humana. Clave para el desarrollo personal y social

¿A quién no le ha satisfecho y atraído descubrir una persona con “clase”, con categoría?

En un primer momento, quizá, uno no sabe muy bien el porqué de ese atractivo y disfrute al tratar con tal tipo de personas ¡sorprenden y provocan atractivo a primera vista! sin requerir análisis sobre los motivos de esa atracción. Son como despertadores de emoción. La realidad es que, a todos nos atrae la virtud, la perfección, la bondad y todo lo bueno que adorna a las personas que, además de ello, son normales y  humildes. Por contra, nos repele la chapuza, la imperfección, la superficialidad, la incoherencia, la frivolidad y la maldad en cualquiera de sus manifestaciones, aunque sea adornada con vestimentas de virtud.

Y, me pregunto yo, ¿Quién no desearía tener esa clase humana y suscitar en los demás el deseo de emulación y de aprecio? En el fondo, es un deseo noble fundamentado en el interés primario de respuesta o anhelo de ser necesitados y apreciados. Somos seres sociables y necesitamos realizarnos por esa vía. Necesitamos impactar en los demás para dejar huella en ellos y no pasar desapercibidos.

No obstante, el objetivo en la vida no es impactar sino hacer lo que conviene hacer para el bien personal y de los demás. Las extravagancias, la idiotez, la maldad y lo estrambótico también impactan y hasta pueden generar emuladores y discípulos, pero ¿Son manifestación de clase humana? ¿Ayudan al desarrollo personal y social?

El impacto positivo y enriquecedor sólo puede proceder de la recta disposición y el deseo amable y generoso de servir a los demás a partir de una personalidad y comportamiento ricos en virtudes y perfecciones. En resumen, de tener clase humana.

Leía recientemente un comentario sobre Benazir Bhutto de un conocido periodista que expresa claramente algunos rasgos de personas con clase humana. “era una mujer de gran inteligencia, resolución y agallas, combinadas con encanto y cultura”

Con clase humana, cada uno, en el ámbito social y circunstancias donde le ha tocado vivir, puede influir positivamente en la transformación de la sociedad y el perfeccionamiento de cada uno de sus componentes, pues, como muy bien dice un conocido adagio filosófico, “el bien es difusivo per se”. También en el ámbito profesional, la calidad humana es valorada positivamente, pues, no todo es calidad técnica.

Conviene destacar que, así como la adquisición de conocimientos y habilidades técnicas a altos niveles de desarrollo está sólo al alcance de personas singulares, el crecimiento en el resto de aspectos que determinan la clase humana es para todos y cada uno de nosotros.

F.X. LASUNCION

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