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Cultura de la Pro-actividad – Antídoto frente a la vejez

Decía un señor de 90 años en un coloquio televisivo que “La vejez empieza cuando falta la curiosidad por conocer nuevas cosas”. Su discurso era profundo, bien hilvanado e interesante; si hubiese sido trasmitido por radio, nadie hubiera pensado que hablaba una persona de tal edad, pues, estamos acostumbrados a juzgar a las personas por la apariencia. Con esa idea en mente, recordé dos de las frases recogidas en el calendario de este año de DELTA gent  activa: “La edad no es un pretexto para hacerse viejo” de G Slattery, y “Aún soy joven, porque tengo más proyectos que recuerdos” de Jaume Pagés

Y, automáticamente, pensé en la cantidad de personas mayores en edad,  acomodados en sus poltronas o conocimientos, que van perdiendo el afán de superación en lo personal, lo profesional y lo social. Es como si se estancasen en el pasado y sólo hablasen de ello ¡Sólo recuerdan, y cuentan batallitas! ¿No es esto una muestra de vejez prematura? ¡Qué diferencia con los que mantienen la ilusión por el conocimiento, la reflexión profunda y la consecución de nuevas metas! Éstos, no envejecen como personas sino que crecen en juventud; se hacen “Jóvenes Adultos”.

Por otra parte, cada día más se nos insiste en la necesidad que tiene nuestra sociedad de los emprendedores para salir adelante. Se nos está intentando motivar a todos para que cambiemos de mentalidad y que, en vez de esperar a que sean los otros los que nos resuelvan nuestras necesidades, sea cada persona a título individual – autónomo – la   responsable de emprender las acciones a su alcance. ¿Estamos en el comienzo de una nueva era en la concepción de nuestra sociedad?

Es curioso, pero no sorprendente, que la crisis nos haga volver a lo orígenes de la persona y de la sociedad. Todos estamos llamados a ser emprendedores para alcanzar nuestras ilusiones y desarrollar nuestras capacidades para el bien personal y social. La cultura de la Pro-actividad – de los emprendedores, podríamos decir – es propia de personas responsables ante Dios; con ellas mismas; y ante la sociedad. Y ello es independiente de la edad.

No me estoy refiriendo solamente a los grandes proyectos de vida que cada uno elige emprender – orientación profesional, matrimonio, aficiones, etc. etc. – sino a todos y cada uno de los pequeños proyectos que debemos acometer día a día para cumplir con las obligaciones personales y sociales libremente asumidas, y con las que culminar “el gran proyecto de nuestra vida”. El que no emprende nada pudiéndolo hacer, es un irresponsable, o bien, una persona con discapacidades a la que hay que ayudar.

FX Lasunción

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