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EL BUSTO FEMENINO

Venus de MiloConsidero que tanto hombres como mujeres no sólo deben procurar mantenerse en forma, sino además, mostrarse como tal. También pienso que la estética del cuerpo es muy importante para la autoestima, y para la seguridad en uno mismo.
Con este preámbulo, comprenderéis que soy partidario de la cirugía estética en las mamas de la mujer. Y no en un sentido médico, sino estrictamente estético desde el punto de vista de ella. Afortunadamente en los últimos años se ha progresado muchísimo en este campo, y con una cirugía muy poco invasiva se consiguen éxitos notables. Lástima que la actual crisis está ralentizando este desarrollo.

Tanto la cirugía para reducir (posibles problemas en la espalda) como para ampliar, resultan muy estimulantes para las mujeres, que ven así cumplido uno de sus sueños de todos los tiempos.
Sin embargo, me gustaría llamar la atención sobre la demasía en el caso de desear pechos más grandes. Y en este punto, y como es lógico, no me refiero a las que, de alguna manera, son profesionales de la provocación, defienden su modo de vida, y por tanto buscan un aspecto claramente distinto a lo normal. A la que me refiero a continuación es a la mujer normal. Soltera, casada, ama de casa, ejecutiva o empresaria.
En los últimos años, se ha puesto de moda en el cine que las actrices muestren sus pechos en la películas. Últimamente, he tenido la oportunidad de conocer en esta situación a Hellen Hunt, Kate Winslet, Amanda Peet, Sharon Stone, y muchas otras que ya no recuerdo. Pero lo que sí tengo claro es que en ninguna de ellas pude observar un desarrollo mayor del normal que causase sorpresa al espectador. Y seguro que, aunque lo desconozco, algunas de las citadas han recibido cirugía. Se trata de pechos muy normales, discretos, y en consecuencia muy hermosos.
Hace ya muchos años, tantos como 2.500, que los griegos ya nos mostraron cuál era la perfección en el cuerpo de una mujer. Así, la Venus del Milo es el prototipo para todo el mundo occidental, y al que lógicamente debería tender cualquier cirugía.
Pero al llegar el verano, sin abrigos ni chaquetas, con blusas, vestidos o bikinis en la playa, empieza uno a observar la falta de discreción que tienen algunas mujeres. Especialmente me refiero a las mayores de cincuenta años. Lo que puede ser perdonable para una joven, no lo es tanto para una mujer madura. Su claro ataque hacia la ley de gravitación universal, hacen que estas mujeres provocan el alejamiento de toda persona de buen gusto. Además, con el transcurso de los años, esta parte de su cuerpo se irá distanciando lógicamente del resto, pudiendo llegar a situaciones difíciles de describir.
La discreción y el pudor son dos cualidades que, a medida que nos van pasando los años, aumentan de importancia, y nos dan el respeto de los más jóvenes. La carencia de ellas nos disminuye como personas y como representantes de toda una generación.
Lástima que los cirujanos no puedan decidir al respecto. Ellos se conforman cobrando sus servicios.

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