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EL CONTUBERNIO DE LA ÉLITE MADRILEÑA

El Gran éxito de la operación Lezo no ha sido la detención y cárcel del expresidente de la Comunidad, sino el que haya salido a flote y a la vista de todos los españoles todo un entramado de políticos, policías, magistrados, fiscales, empresarios, periodistas e incluso miembros del propio Gobierno Central.

Todos ellos se conocen directamente o a través de amigos, y utilizan estas amistades para protegerse mutuamente. De qué viene que una magistrada advirtiese de que se estaba controlando los teléfonos de González. O porqué el fiscal anticorrupción desautoriza a sus fiscales para proteger al PP.

Leyendo hoy los periódicos de Madrid, puedes darte cuenta de que están desesperados, pues no encuentran ni una tabla segura donde agarrarse. Después de veinte años de proteger a Esperanza Aguirre, hoy Jiménez Losantos no ha podido menos que mostrar toda su indignación por los últimos descubrimientos sobre su gestión.

Otra cosa que está resultando clara, es que varios periódicos de Madrid ya ponen a Rajoy en medio de la ciénaga, todavía no lo hacen por haber metido las manos en la masa, pero sí por haber consentido que se hiciera. Ha salido a la luz un par de episodios en los que se demuestra que Rajoy conocía varios casos de corrupción, y no hizo nada para destaparlo, al contrario, se dedicó a mirar a otra parte.

Según el periodista Luis Herrero, dice respecto a Rajoy:  “los datos que hemos conocido estos días son concluyentes: él supo desde el año 2007 que Ignacio González era algo más que un presunto chorizo. Se lo dijo Álvaro Lapuerta, tesorero del PP, después de investigar la denuncia anónima que había llegado a Génova alertando de la comisión de un millón cuatrocientos mil euros que OHL le había pagado a González en un banco suizo por mediar en la concesión de una obra pública. Lapuerta llamó a Villar Mir, íntimo amigo suyo, y le preguntó si era verdad. Y Villar Mir –oh, sorpresa– le dijo que sí. No cabía una fuente más autorizada.”

“Lapuerta se lo contó a Rajoy y Rajoy, especialidad de la casa, se hizo el muerto. Si no había más prueba que la palabra del empresario, y teniendo en cuenta que él no se iba a dedicar a ir contándolo por ahí, ¿para qué meterse en líos? Mejor dejarlo correr y confiar en que las mangancias gonzalescas siguieran siendo indemostrables durante mucho tiempo. Desde entonces, Lapuerta no dejaba de repetir a todas horas que Ignacio González no era trigo limpio –doy testimonio de primera mano– mientras Rajoy permitía que su carrera política siguiera creciendo como la espuma. No olvidemos que llegó a ser presidente de la Comunidad Autónoma de Madrid.

Siete años después, cuando el entonces alcalde de Leganés llevó a Génova más pruebas de la comisión pagada por OHL en Ginebra, Rajoy decidió que no convenía seguir tentado a la suerte y se negó a que González fuera candidato del PP en las elecciones autonómicas de 2015. Eso fue todo. Hasta ahí llegó su abnegada contribución al saneamiento de la vida pública. Ni investigación interna, ni denuncia, ni depuración de responsabilidades, ni escarmientos ejemplares. No, hombre, no. Vaya lío.”

El caso Lezo solo ha hecho que empezar, la instrucción está en mantillas, por lo que cabe pensar que todavía nos va a deparar muchas sorpresas. La ciudad de Madrid se va a resentir de todo este jaleo.

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