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EL MEJOR AMIGO DEL HOMBRE

1-10-6 BMe gustan mucho los perros y supongo que por muchas razones, pero tal vez la más determinante es que no ocultan sus sentimientos. Cuando balancean la cola significa que están contentos, o porque tu, su amo, estás cerca, o porque ven que les estas preparando la comida. Cuando ladran, normalmente es porque tienen miedo.
Las personas estamos acostumbrados a ir con la máscara puesta. Si alguien te pregunta “¡qué tal, cómo estás!”, siempre respondemos “genial, fabuloso”, sin transparentar el mal rato que estamos llevando por lo que sea. Si tu esposa te pregunta “que tal el trabajo hoy”, tu le respondes que muy bien, sin traslucir la bronca que te ha dado el jefe. Y así vamos pasando por la vida.
Los perros no, ellos no engañan, si les gustamos, nos lo dicen, a su manera claro, pero nos lo dicen. Si les damos miedo, también nos lo dicen, etc.. Los perros son transparentes y no disimulan, y eso es algo que a mí me estimula.
He tenido tres perros en mi vida, uno junto con mis padres, y dos de adulto. El último se murió el pasado verano.
Los dos de adulto han sido dos Tekel o perro salchicha, una raza con un gran carácter, que no se dejaba coger y que jamás habían estado en un regazo. Muy independientes y a la vez muy pendientes de lo que hace o deje de hacer su dueño.
Su punto débil, su ansia en comer que es infinita, yo creo que comerían hasta reventar. Un día compré una coca de San Juan. Me equivoqué y la puse donde ella pudo llegar, bien, ya os podéis imaginar lo que ocurrió, se la comió por entero.
Su olfato es algo proverbial. Mi perro anterior tuvo cataratas, y quedó ciego, pero su olfato le permitió llevar una vida muy normal y llena de satisfacciones. Eso sí, no podías mover un mueble de su lugar acostumbrado, pues entonces chocaba con él.
Ahora estoy sin perro, y he decidido no tener más. Continúan siendo mis preferidos, pero les respeto demasiado como para forzarles a cambiar de dueño en su madurez. Vivo solo, y mi edad me hace pensar que, en pocos años, ya no pueda permitirme el dar largos paseos por los parques, que es algo muy importante para un perro
Pero cuando paseo por mi pueblo, no puedo evitar el mirar a todos los perros que pasan y en muchas ocasiones hablar con su dueño. Así voy mitigando mi añoranza de perro

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