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EL PAPA FRANCISCO Y TRUMP

Con el Papa Francisco se han roto todos los esquemas mentales que se han creado desde hace siglos. Por primera vez podemos disfrutar de un Papa progresista, capaz de romper moldes para conseguir una Iglesia más justa y más acorde con la doctrina de Jesucristo.

Después del empacho que nos produjo San Juan Pablo II, que abrazó todas las doctrinas y teologías ultraconservadoras, fue una muestra de la inteligencia de la Iglesia el proclamar Papa a un Cardenal argentino, que ya llevaba cierta fama de progresista y peronista.

Como es lógico en estos casos, se ha producido dentro de la Iglesia un movimiento en contra de quien quiere romper moldes. Movimiento que, de inmediato, ha recibido la bendición de Trump como una muestra más de sus creencias antiprogresistas.

Aparte de polémico, ultraderechista y provocador, Steve Bannon, el consejero principal del presidente de EE.UU., Donald Trump, es un católico de pura cepa que se identifica con los enemigos del Papa. En concreto, el gurú ideológico del mandatario, que está detrás del veto migratorio y la construcción del muro de México, tiene amigos en el círculo de tradicionalistas radicales, férreos oponentes al estilo progresista de Francisco – defensor de los pobres y refugiados, así como crítico al cambio climático.

Bannon conoció al ultraconservador cardenal Burke, con quien compartió su forma de ver el mundo. Una visión que incluye la amenaza del islam y la pérdida de los valores tradicionales del cristianismo.

De hecho, su entendimiento gira en torno a muchas de las ideas contrarias a lo que profesa el actual pontífice, cuyo ideario se aproxima más al liberalismo de Barack Obama que al conservadurismo del ultraderechista Bannon. De ahí que para muchos de los opositores al Papa, dentro y fuera del Vaticano, vean el giro ideológico de la Casa Blanca como una oportunidad para desbancar el programa rompedor del Papa.

Además, Burke fue uno de los cardenales rebeldes que escribieron una carta pública el pasado noviembre en la que expresaba su preocupación por las enseñanzas del Papa, a quien acusaban de “herejía” por causar la confusión en asuntos clave para la doctrina católica. Los autores de la misiva criticaban al pontífice su exhortación apostólica Amoris Laetitia , en la que relajaba las restricciones morales en aspectos relacionados con la familia como, por ejemplo, el divorcio.

La batalla acaba de iniciarse y se supone será larga, seguramente sin vencedores ni vencidos. El poder religioso está en manos de Francisco, es él el Pontífice, pero tiene ya 80 años, y tengo muchas dudas de que podamos disfrutar de otro Papa progresista.

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