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EL SENADO

articulos-248713Nadie sabe a ciencia cierta el motivo por el que España dispone de dos Cámaras, el Congreso y el Senado, salvo la de crear más puestos remunerados para la clase política, que al fin y al cabo fue la clase que redactó la Constitución. Una Cámara, el Congreso, dispone de todos los resortes para efectuar su labor legislativa. La otra, el Senado, no tiene ninguna potestad digna de mención, salvo la de retrasar la aprobación de nuevas leyes, pero sin posibilidad de veto.

El PP y el PSOE están muy de acuerdo con la existencia del Senado, no así la mayoría del resto de partidos que no ven en el Senado ninguna utilidad. Se le ha llamado “cementerio de elefantes”, pues allí van a parar los políticos cuando fracasan en sus elecciones, sean en ayuntamientos importantes o en Comunidades autónomas.

Son muchas las ventajas económicas que tiene ser senador. Aparte de un salario base de 2800 euros, y de unos complementos (según el cargo que ocupe) y dietas que les permiten llegar fácilmente a los 4-5000 euros mensuales, disponen de dos seguros, uno de vida y otro de accidentes, tres tarjetas (una para taxis, otra de Renfe y una VISA Corporate para viajes en general), una medalla de oro valorada en 600 euros, una tableta, un móvil y un plan de pensiones. Además son personajes aforados judicialmente.

Buena parte de los grandes fracasados en las últimas elecciones, se han acogido a los beneficios de ser Senador, así: Rita Barberá, Fabra, Bouzá, Rudi, etc..que han sido acogidos en la Cámara por personajes como Montilla, Carmen Alborch, Iñaki Anasagasti, Arenas, Belloch, Lerma, etc..

El  Senado no interesa a nadie, así, no se hacen nunca sondeos para anticipar quién va a ser Senador, ni siquiera el Gobierno, a través del Centro de Investigaciones Sociológicas lo menciona en sus sondeos.

Los senadores no tienen la última palabra en nada, da igual lo que decidan. En teoría, el Senado tiene las mismas funciones que el Congreso. Puede proponer leyes, pero después debe enviarlas al Congreso para que inicie su trámite. Puede controlar al Gobierno, pero si no va, no pasa nada (ningún Presidente fue antes que Zapatero). En su función de segunda lectura puede enmendar total o parcialmente las leyes, pero el Congreso puede anular esa votación por mayoría simple. Y si acaso tuviera la tentación de presionar al Congreso, la Constitución le impone un límite de dos meses para revisar una ley. Si pasa del plazo, se entiende aprobada.

La falta de sentido que tiene el Senado no es algo sorprendente, ya que los padres de la Constitución ya la diseñaron así con el objetivo de que la Cámara, entonces reducto del franquismo, no molestara en las importantes reformas que necesitaba España en aquellos momentos. En tres décadas de democracia, el Senado, tal como lo pide la Constitución, no ha sido una molestia para nadie, salvo por los más de 50 millones de euros que pagamos los españoles cada año para su mantenimiento.

 

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