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ESPAÑA SIN SOLUCION

Producción industrialCon este título no pretendo mostrar mi vertiente más depresiva. Al contrario, he puesto este título como un medio para advertir que, si seguimos por este camino, España no tiene solución. Por tanto es del todo imperativo efectuar un cambio en nuestro rumbo económico y social.

La solución que nos ha propuesto la troika, y que ha sido acogida por el Gobierno del PP, es la de reducir los salarios, y de esta forma hacer que nuestras empresas ganen en productividad. Esta es la palabra clave que debemos considerar para proyectarnos en el futuro. La productividad.

Si es por reducir salarios, es posible que lleguemos a ponernos a la altura de Marruecos o de Tailandia. Y es que acaso llegado este momento, ¿alguien pueda pensar que seremos más felices? El nivel de salarios no mide los potenciales de una economía para conseguir el crecimiento que todos buscamos. El verdadero potencial de crecimiento viene por la productividad. Es más, un nivel salarial bajo es un freno para la inversión industrial, y un nivel salarial alto es un acicate para una mayor inversión industrial.

La productividad viene dada por varios factores. Uno muy importante es el nivel de inversiones de las empresas, a mayor inversión, mayor productividad. Pero en nuestro País, la inversión industrial siempre ha sido un plato de segundas intenciones. Incluso en época de bonanza económica, los inversores vieron mayor celeridad en la rentabilidad de las inversiones inmobiliarias que en las industriales, y ahora con la crisis, los inversores prefieren los paraísos fiscales. La inversión industrial está bajo mínimos desde hace ya demasiados años.

Otra variable que determina el nivel de productividad en un país, es el nivel educativo/cultural del mismo. A mayor nivel formativo de una sociedad, mayor será la productividad de la misma. Y esta es otra variable en la que España está bajo mínimos y desde siempre. No solo los informes Pisa nos sitúan a la cola de los países occidentales, sino que otros conceptos básicos para la productividad, como es la Formación Profesional y su vinculación con el mundo empresarial, están totalmente olvidados.

En nuestro País existe una clara diferencia en el nivel educativo según las clases sociales. Las clases acomodadas (incluyendo una amplia clase media) tienen una verdadera vocación y realizan un serio esfuerzo para la formación de los hijos, mientras que en la clase trabajadora, la formación de los hijos es una competencia exclusiva de las escuelas, sin apenas apoyo familiar. Y esto se nota mucho en el resultado final.

Ante esta situación hace falta un nuevo gobierno que privilegie todas las variables que nos conduzcan a un mejoramiento importante en la productividad. Y en estos momentos no hay ningún partido político que hable de ella.

Los programas económicos de los partidos se dividen entre los conservadores que quieren dar mayores privilegios al mundo empresarial rebajando salarios e indemnizaciones por despido, y los progresistas que están ocupados en salvar lo que puedan del bienestar social. A estos últimos les debo recordar la enorme deuda pública que tenemos, y cuya devolución impedirá cualquier mejora de tipo social. La única solución, y de la que nadie habla, es mayor productividad.

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