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FRACASOS DEL PP EN VALENCIA

img-valencia-bgQue en momentos de bonanza económica, en los que el aumento de ingresos públicos parecía no tener fin, un gobierno pusiera estos ingresos para una mejora generalizada de una Comunidad, parece loable, e incluso imprescindible. Los aumentos de los ingresos públicos son precisamente para mejorar el bienestar de la población, tanto en infraestructuras viarias como infraestructuras culturales.

Terra Mítica, la Ciudad de la Luz, la Ciudad de las Artes y las Ciencias, la Fórmula 1, el aeropuerto de Castellón, etc, son ejemplos de lo que puede hacer una Comunidad en bien de sus ciudadanos.

En este sentido, la política del PP en Valencia, tanto con Zaplana como con Camps, es impecable. Otra cosa distinta es que la corrupción generalizada en el partido gobernante, la falta de control sobre el mismo y el fin de la bonanza económica, han llevado el tema a un final inesperado y desagradable.

Así, las grandes infraestructuras realizadas por el PP para cambiar la imagen de la Comunidad han terminado, tras años de sobrecostes y mala gestión, en manos del sector privado. La Ciudad de la Luz de Alicante, que alberga uno de los mayores estudios cinematográficos de Europa, es la última joya que debe ser mal vendida a manos privadas. Su inversión fue de 265 millones, pero su venta difícilmente llegará al 50%.

Terra Mítica, el parque temático de Benidorm, tuvo un coste de 425 millones, pero se vendió por 65. Es decir, apenas representó el 15% de la inversión real, pero desde hace dos años, ahora en manos de la sociedad que gestiona Aqualandia, tiene beneficios.

Dentro de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, ahora sale a subasta L´Àgora, que tuvo un coste de 77 millones, sin tener un uso concreto. En ella se han jugado partidos de tenis, mercadillos de Navidad, mítines políticos, etc Veremos ahora por cuanto es adjudicada.

Más al Norte, en Castellón, está la obra culminante de un encarcelado por fraude fiscal, el expresidente de la Diputación, Carlos Fabra. La inversión ha sido superior a los 170 millones, e iba a ser acompañado por 12 campos de golf y 40 000 viviendas, que nunca se han llegado a construir. Después de esta inversión, el Consell ha tenido que dejarlo en manos de un concesionario privado, que se hace cargo de la explotación a cambio de 2,8 millones al año.

De lo que no cabe duda, es que debemos buscar y elegir mejores gestores de los bienes públicos. Su responsabilidad es grande. Ellos pueden dar bienestar a la ciudadanía, o pueden llevarla a la desesperación, pero está llegando el momento en que la ciudadanía será la protagonista. Es la hora de las elecciones.

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