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GRACIAS, FRANCISCO

Obispo MartínezPor fin se ha descubierto la primera trama importante de pederastia en la Iglesia española, y a tenido que ser gracias al Papa Francisco.

Particularmente, me resultaba extraño que cuando en la Iglesia de tantísimos países se descubrían tramas de pederastia, en España sólo algún pequeño incidente. Pero claro, la conjunción del cardenal Rouco con los Papas anteriores, sea San Juan Pablo II o Benedicto XVI, cerraba todas las puertas, no de la existencia de tramas de pederastia, sino sobre su conocimiento público.

Afortunadamente hoy tenemos un Papa mucho más próximo a sus ovejas, y que nos reconforta con su perdón. La llamada telefónica que hizo al denunciante de los abusos, es todo un ejemplo de proximidad de un pastor con sus ovejas, definitivamente, el Papa huele a oveja.

Sobre el Obispo Martínez, muy amigo del Cardenal Rouco, podemos aclarar que ya salió de Córdoba cuando se enfrentó al todopoderoso Miguel Castillejo, jefe de Cajasur, de allí lo llevaron a Granada, su actual sede, y con su política de beneficiar solamente a sus correligionarios de Comunión y Liberación, consiguió la enemistad de todos los presentes en la diócesis.

Para calibrar mejor la mentalidad de este Obispo, podemos recordar que hace unos meses se hizo famoso por apoyar públicamente un libro titulado “Cásate y se sumisa”. Lo que provocó un gran revuelo en toda la sociedad española.

Con la publicidad que ha acompañado este suceso, cabe destacar la pasividad con que ha actuado el Obispo Martínez. Si ha apartado de sus funciones a los tres sacerdotes imputados, es porque así se le indicó desde el Vaticano, ya que él era conocedor de la denuncia desde agosto, y no hizo nada; con los encubridores aún no ha tomado ninguna medida. Tal vez porque él mismo ya era también un encubridor.  Resulta extraño que el Obispo no conociera la existencia de dieciocho pisos y chalets de la zona en donde se realizaban los abusos sobre menores. Pisos que eran propiedad de los curas pederastas.

Tremendamente conservador y muy autoritario, monseñor Martínez sólo se fía de si mismo y del movimiento a que pertenece, Comunión y Liberación. Rodeado por sus fieles cielinos, el prelado se esconde en su palacio episcopal, pensando en sus vías exculpatorias.

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