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Intrépidos a los 70

CARLOS LUJáN
Montse Mechó de 76 años en un aeródromo

Para empezar,un consejo: divertirse, sólo así el deporte podrá ser un compañero a lo largo de nuestra vida. Es lo que dicen los expertos –¿quién más experto en este asunto que ellos?– que aparecen en las páginas previas de este reportaje. La recomendación, en cualquier caso, la suscriben médicos y especialistas de todo el mundo.


Los abundantes estudios sobre los efectos de la práctica deportiva en las personas mayores señalan de forma unánime que ésta contribuye de manera significativa a mantener el cuerpo, el cerebro y también el espíritu en forma, subrayando siempre, eso sí, que se consulte al médico antes de iniciar cualquier tipo de ejercicio.

Hablar de asuntos relacionados con la tercera edad puede sonar ajeno a quienes se saben con un largo camino por delante. Sin embargo, el envejecimiento de la población –el 16 por ciento de los europeos, sin ir más lejos, tiene más de 60 años– es una señal inequívoca de que estas cuestiones nos afectan a todos. Está comprobado, de hecho, que a partir de la adolescencia nuestra capacidad física se va reduciendo a razón de un uno por ciento cada año, degradación que se agrava, claro está, cuanto menos ejercicio físico se practique. Las crecientes posibilidades de ‘morir de viejos’, sin embargo, no son el único motivo por el que los demás deban interesarse por el tema, también porque a los no tan mayores les toca cuidar de los ancianos. Las cifras señalan que el 60 por ciento de los adultos españoles no practica el nivel mínimo recomendado de actividades, y uno de cada cuatro, sobre todo mujeres, no realiza ejercicio alguno. Datos estos que auguran un futuro poco prometedor. Mejorar la fuerza muscular, por ejemplo, es un seguro para evitar caídas, una de las principales causas de muerte en personas de edad avanzada, ya que inician un proceso que deteriora la calidad de vida y el estado de ánimo hasta provocar el fallecimiento. El ejercicio ayuda a conservar la estabilidad y la fortaleza de los miembros inferiores y de la columna, lo que mejora la postura y da seguridad al caminar o al levantarse y sentarse.

Asimismo, como muestra el caso de Montse Mechó, una catalana que, a sus 76 años, salta en paracaídas y es campeona de España de natación en su categoría de veteranos, el ejercicio ayuda a superar mejor los problemas físicos. En su caso, debido a una lesión producida por un accidente de tráfico hace 42 años, recibió, hace cuatro, una prótesis de cadera. El médico de Mechó no pudo menos que asombrarse ante su fácil recuperación. «Me dijo que todo fue gracias a que estaba en plena forma», recuerda Mechó.

Los profesionales de la educación física llevan años desarrollando programas específicos para la tercera edad. Basta darse una vuelta por los parques o asistir a alguna prueba deportiva popular para comprobar la gran cantidad de mayores de 60 años en excelente forma física. Actividades como nadar, caminar o montar en bicicleta –las más recomendadas– no sólo son esenciales para estar en forma, además, ayudan emocionalmente al proporcionar una sensación de logro personal que mejora el estado de ánimo y la autoestima, disminuye la depresión y la ansiedad y reduce la sintomatología somática. A veces, incluso, el deporte contribuye a superar el dolor causado por dolencias como la artritis, al aumentar la fuerza y la flexibilidad de los músculos.

Los principales beneficios de la actividad física comprobados por la ciencia no dejan lugar a dudas sobre la conveniencia de practicar algún deporte: control del peso y reducción de la grasa, más fuerza y flexibilidad, mayor densidad ósea (lo que facilita el tratamiento de la osteoporosis), mejora del flujo sanguíneo, de la ventilación pulmonar, de la presión arterial… Por si fuera poco, además, reduce el estrés, el insomnio, la memoria, mejora el sueño, las funciones cognitivas y puede que, incluso, la socialización.

La salud de nuestras neuronas también depende de la actividad física. Al hacer ejercicio no sólo se mueven los músculos, se produce una activación cerebral generalizada. El flujo sanguíneo, el consumo de glucosa, el pulso cardiaco, la respiración…, el organismo entero entra en acción y, con él, centros nerviosos distribuidos por todo el cerebro, cuyas atribuciones se van perfeccionando, al igual que las personas que más utilizan su capacidad intelectual padecen menos demencia senil. Los expertos recomiendan combinar actividad física y mental para prevenir dolencias neurodegenerativas como alzhéimer, párkinson o esclerosis múltiple.

Diversos especialistas en medicina deportiva aseguran que las personas que hacen ejercicio de forma continuada ganan entre 10 y 20 años con respecto a personas de la misma edad que no lo hacen. Las estadísticas apuntan a que, pasados los 60, más del 80 por ciento de las personas se abandona a una vida excesivamente sendentaria. De pronto, un día se dan cuenta de que algo tan simple como una buena caminata requiere un esfuerzo excesivo. Algunos expertos incluso reclaman que, muchas veces, se atribuyen al envejecimiento problemas que, en realidad, no son más que el resultado de la vida sedentaria. El ejercicio físico, por lo tanto, subraya el profesor de geriatría Wilson Jacob, es un factor de mayor libertad a partir de los 60 años.

Lo importante para el anciano, lo repiten los expertos hasta la saciedad, es moverse. La actividad es preventiva, terapéutica, aunque tampoco es cuestión de pasar de cero a cien en cinco segundos. Las personas sedentarias deben comenzar un plan de ejercicios ligero y de corta duración, para irlo incrementando progresivamente. Obtener una condición adecuada para una edad avanzada puede llegar a requerir varios meses. Y siempre, conviene insistir, es vital visitar al médico.

Fernando Goitia

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