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JUECES Y FISCALES ANTE LA MUJER

 

ritamaestrecapilla_560x280Un escrito firmado por la fiscal Marisa Morando ha desatado la polémica por su contenido al asegurar que “es obvio que las señoritas están en su derecho de alardear de ser putas, libres, bolleras o lo que quieran ser” pero no en un “espacio sagrado para los católicos” ya que ello “implica un ánimo evidente de ofender”. Dicho escrito está dirigido por el recurso que interpuso Rita Maestre ante su condena a pagar unos 4.000 euros al medio desnudarse en una capilla universitaria, como medio de protesta por la presencia de una capilla en un recinto universitario.

Está claro que, en este caso, al fiscal le han podido más sus sentimientos hacia la religión que su sentido del deber jurídico. Ha utilizado unas palabras que le han brotado del corazón, pero no del cerebro. La respuesta que les ha dado la acusada es para recordarla: “sí, somos putas, libres y bolleras, somos las brujas que olvidasteis quemar”.

No es éste el único caso en que jueces y fiscales interpretan malamente a la mujer. Puedo recordar alguno:

  • El T.S. confirmó en 1990 la sentencia en la que se aseguraba que M.J.L. de 17 años. “pudo provocar al empresario J.F.B. por su vestimenta”. Dicho empresario le prometió prorrogar su contrato laboral si mantenía relaciones sexuales con él. En el momento de la proposición, el empresario se acercó a ella y le tocó los pechos y el trasero por encima de la ropa. El empresario fue condenado a una multa por un delito de “abusos deshonestos”, “aún cuando ésta con su específico vestido, en cierta forma y acaso inocentemente provocó este tipo de reacción en el empresario, que no pudo contenerse.
  • La Audiencia Provincial de Murcia en una sentencia de octubre de 2011, dijo que calificar de “zorra” a tu esposa no constituye menosprecio o insulto, si quien utiliza este término lo hace para describir a un animal que debe actuar con especial precaución. En esta sentencia revocó la condena a un año de cárcel por un delito de amenazas en el ámbito familiar, al decir que quería verla en el cementerio en una caja de pino.
  • En 2004, el titular del Juzgado de lo Penal nº 22 de Barcelona absolvió a un hombre acusado de agredir a su mujer al considerar que no habían pruebas de que se produjeran malos tratos. En el escrito reforzó su decisión con valoraciones sobre su aspecto físico y su indumentaria que, en su opinión, no corresponden con el síndrome de mujer maltratada. “No solo iba arreglada, sino que vestía cada día diferente, a la moda, con anillos y pulseras y curiosos pendientes, gafas de tamaño grande”, dice la sentencia.
  • El titular del juzgado contencioso administrativo nº 2 de Zaragoza, anuló en 2013 la sanción que la Consejería de Consumo puso a una autoescuela por ofrecer una tarifa más cara a las mujeres, 665 euros para ellos frente a 850 que costaba el curso para ellas. El magistrado alegó que las mujeres son más torpes que los hombres a la hora de aprender a conducir, por lo que necesitan más clases.

Podríamos seguir con más casos curiosos, en donde la mujer queda en mal lugar frente a la justicia y la sociedad. Tal vez lo que convendría sería que jueces y fiscales volviesen a la escuela a aprender a conocer y valorar a las mujeres.

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