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LA CALÇOTADA

Un-hombre-come-un-calcot-de-la_53875267035_53389389549_600_396Durante unos años tuve la oportunidad de conocer la comarca del Alt Camp en la provincia de Tarragona. Una comarca con una gran personalidad, gente seria y muy laboriosa. Su capital es Valls.

La gastronomía en esta comarca está formada por productos de la zona, así el cordero, frutos secos, y productos de la huerta son los principales. Pero hay un plato que, durante el invierno,  transciende a toda Cataluña y buena parte de España, y que constituye su plato emblemático.

Más que un plato es todo un ritual. Aunque para conocerlo en todo su esplendor no es recomendable un restaurante, sino ser invitado por una familia que te acoja en su huerto.

El ritual empieza el día anterior al festín, cuando las mujeres de la casa se reúnen en la cocina para preparar la salsa. Salsa que está formada por: 1 ñora, 4 tomates maduros, 1 cabeza de ajo, 1 vasito de aceite de oliva, 150 gr. de almendras o avellanas, 1 rebanada de pan duro y perejil. Y que constituye la gracia y el salero de la calçotada.

En los restaurantes sustituyen el aceite de oliva por otro de inferior calidad, y ponen menos almendras y avellanas.

El calçot es una especie de cebolla tierna, dulce, pero con fuerte sabor a cebolla. Su cultivo es muy largo y laborioso, desde que se planta hasta que se recoge pasa casi un año, durante el cual se hacen distintos trasplantes, en donde el calçot se va hundiendo en la tierra, de ahí su color blanco.

Dos o tres horas antes, ya se prepara el fuego con leña de vid, y cuando está en todo su apogeo se ponen los calçots. Una vez asados se envuelven en papel de periódico en espera de que lleguen los invitados. Los calçots quedan evidentemente quemados en su parte exterior, y con un negro que lo ensucia todo.

Cuando llegan los invitados, lo primero es ponerles un babero para evitar suciedades. El calçot se come con las manos, se cogen y con la derecha se escogen algunas hojas del centro que están blancas y con la izquierda se empuja el calçot desde abajo. Así se obtiene el preciado manjar, después se le sumerge en la salsa y a comer…

El ritual continúa con un segundo plato de cordero y butifarras hechas con las brasas de los calçots. Se recomienda guardar un poco de salsa para aprovecharla con la carne.

No es fácil encontrar un sitio que hagan este ritual como las amas de casa. Sin embargo, hay un pequeño pueblo llamado Salomò, que tiene dos restaurantes especializados en el ritual y que son muy recomendables.

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