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LA EMIGRACION

Andaluces-emigrantes-a-Cataluña-1Distingo dos tipos de emigrantes. Los que lo hacen con ganas de conocer nuevos entornos, en un sentido amplio de la palabra, y los que lo hacen obligados por necesidades económicas o profesionales. A los primeros, vaya mi envidia, pues si alguna vez he tenido la tentación de escapar para vivir con nuevas costumbres, mi entorno personal o mi empuje no me lo ha permitido. A los segundos vaya mi pésame, y el testimonio de este post.
Que no encuentres trabajo en tu tierra, que no veas la posibilidad de desarrollarte como persona en tu lugar, y en consecuencia te veas obligado a emigrar para intentar abrirte camino en la vida, ha de ser algo muy duro y difícil. Sólo los mejores, los más emprendedores, los más valientes, los más audaces toman esa decisión.
Durante algunos años, los años de la burbuja, España ha sido País de inmigración. Para mí era como una curiosidad el ver tanta gente foránea en mi pueblo. De todos los colores, razas y religiones. Venían a trabajar, y así lo hacían. Ahora no, ahora gracias a las políticas del PP, gracias a las cuales los bancos reparten dividendos, pero ya hay más de tres millones de pobres, no es posible encontrar trabajo. Los inmigrantes vuelven a sus orígenes, y los españoles, los más conscientes de la situación, se marchan. No diré ¡a dónde sea!, pero casi. Los más preparados académicamente, a EE.UU. y Europa, otros a hispanoamérica, y unos pocos a Oriente Medio.
Nunca he sido emigrante, pero sí he conocido a muchos (foráneos que han venido a trabajar aquí). De estos inmigrantes que he conocido, claramente los hay de dos clases. Unos, solo hacen que sentir añoranza por su tierra, la que sea, y solo tienen el pensamiento de volver a ella. Tendrán trabajo aquí, se desarrollaran como personas aquí, pero no son felices. Van pasando los años, continúan añorando a su tierra, pero no se atreven a dejar su normal situación económica o familiar, y hacer realidad su sueño. Como personas, difícilmente verán cumplidas sus expectativas, y estarán siempre predispuestas a las depresiones.
Pero hay otro tipo de emigrante, el que sabe echar raíces en su nueva tierra. Claro que piensa en su sitio natal, e incluso periódicamente puede volver a él, pero como curiosidad. Su vida ya está hecha para su nuevo lugar, trabaja, tiene una familia, sus hijos no tienen otra patria, y él es feliz.

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