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La importancia de llamarse @ernesto: las cuentas de Twitter no siempre son lo que parecen

El Mundo:
Cuando el usuario medio llega a una nueva red social suele encontrarse con el mismo problema: el nombre de usuario que desea ya está pillado. Hay que hacer malabares con números (puntos de adolescencia mental extra por cada 69), letras de más o de menos y guiones bajos para conseguir algo que se aproxime a la idea original

Sin embargo, hay unos pocos elegidos que llegan a tiempo y pueden hacerse justo con el que quieren… Aunque en ocasiones esto puede ser un problema. Que se lo digan a Chelsea LaSalle, que en Twitter es @chelsea.

Twitter es bastante flexible con los nombres de usuario: lo único que estáterminantemente prohibido es incluir las palabras Twitter y Admin, porque más vale prevenir que curar. Por lo demás, se aplica la ley de el que se lo encuentra, se lo queda. «Los nombres de usuario de Twitter se proporcionan por orden de llegada y no se pueden reservar», resume la compañía en su política de marcas comerciales. Eso sí, la firma bloquea las cuentas que utilizan una marca comercial para inducir al error. Si confunde a los usuarios sin hacerse pasar intencionadamente por el bien o servicio cuyo nombre adopta, «le damos al poseedor de la cuenta la oportunidad de aclarar cualquier confusión potencial».

Es decir, que Chelsea ni tiene la culpa ni ha hecho algo malo. A pesar de ello, cada vez que el equipo dirigido por Mourinho -que no es@mourinho, una cuenta abandonada en 2012- juega un partido, LaSalle recibe entre 50 y 100 notificaciones por minuto, según explicó a Buzzfeed. Hasta la FIFA se apunta a este festival de la notificación. De todos modos, aunque tiene sus momentos de desesperación, se lo toma con humor.

Otras veces no tiene tanta gracia. Tom Green es un actor y cómico estadounidense que se registró en Twitter en enero de 2009 con el nombre de usuario @tomgreenlive. La cuenta @TomGreen habia sido registrada un año y medio antes por otro Tom Green; en este caso, un profesor canadiense. El problema es que cuando le preguntaron por ello en una entrevista en el programa de radio de Opie y Anthony, los entrevistadores no pudieron «soportarlo» y le pidieron que dejase de ser «tan egoísta». «Qué capullo. Tú eres una celebridad mucho más famosa». La broma se les fue de las manos y los oyentes del programa comenzaron una campaña de acoso con mensajes tan agradables como «muérete en un incendio, capullo». Minutos después, alguien publicó la extensión de su teléfono en la Universidad en la que trabaja, por lo que tuvo que pedirle al decano de la misma que la bloquease.

«Obviamente, esto es algo que no debería ocurrir, pero pasa y luchar contra ello es una batalla perdida», lamentó en su cuenta de Google + el Green que no ha aparecido en ‘Los Ángeles de Charlie’. «Esta es la vida en el ciberespacio. Hay muchas cosas buenas ahí fuera y es decepcionante ser sometido a este tipo de abuso». Finalmente, los dos Green hicieron las paces después de que el cómico pidiese en una carta abierta en su blog (que ha sido eliminada, pero que fue recogida en su momento porDigital Trends). Todo se cerró con un apretón de manos virtual: «no hay suficientes Tom Green en el mundo».

Los políticos llegaron tarde

Esta situación, sin el acoso, es bastante común en todos los ámbitos. Por ejemplo, los políticos, con sus reflejos habituales, llegaron tarde a las redes sociales, así que les ha tocado improvisar a la hora de elegir nombre de usuario. Ni @obama es Obama, ni @rajoy -que se registró en 2007, pero no tuiteó hasta 2013- es Rajoy, ni @pabloiglesias es Pablo Iglesias (aunque este ya lleva casi cinco años en Twitter). Y claro, luego llegan los líos, como cuando Iglesias -el fetén- se confunde de Tania González (al menos no se confunde de Tania) o cuando Obama sigue al Martin Schulzequivocado (el presidente del Parlamento Europeo, por cierto, llevó a cabo un curioso caso de secuestro de seguidores). En Second Life no pasaban estas cosas.

Y es que un buen nombre de usuario puede valer bastante dinero. Dinero que, a veces, se paga. En el caso de @israel, una cifra de «cinco ceros», según aseguró a ‘Público’ su dueño hasta abril de 2009, el empresario español Israel Meléndez. Ahora bien, no fue sencillo, porqueTwitter no permite vender cuentas de forma oficial (otra cosa es que dos partes lleguen a un acuerdo a sus espaldas). Meléndez aseguró que Twitter ayudó en la operación, aunque la compañía no está a favor de este tipo de transacciones.

Eran otros tiempos; ahora la red social lo que fomenta es la paciencia: «estamos trabajando en una solución para que los nombres de usuarios se liberen de manera automática, pero no tenemos un plazo para efectuar dicha acción». Básicamente, si una cuenta que tiene uno de estos nombres codiciados está inactiva (Twitter lo determina en función del tiempo que ha pasado desde la última vez que se tuiteó, el último inicio de sesión y la fecha de creación de la cuenta), la empresa se puede plantear darla de baja y entregársela a la compañía del mismo nombre.

Pero, ¿qué ocurre cuando la negociación o la paciencia no funcionan? En ocasiones se llega a pagar a otra persona, pero para que la robe medianteingeniería social, que suena a construir puentes con tus contactos deFacebook y en realidad es algo aún más aterrador. Le pasó a Naoki Hiroshima, que perdió @N después de que un atacante consiguiese las claves de acceso a los dominios del informático. ¿Cómo? Las pidió.

A grandes rasgos, según detalló el propio cracker a Hiroshima una vez que había cambiado el control de esta información por la codiciada cuenta de Twitter, lo que hizo fue llamar a PayPal para conseguir los últimos cuatro números de su tarjeta de crédito haciéndose pasar por él. Después, solo tuvo que usar esta información en otros servicios para demostrar que era el dueño de la cuenta y cambiar las contraseñas y los correos a los que estaban vinculadas. Finalmente, escribió un correo a @N para explicarle la situación y solicitar el cambio. Toda la extorsión se realizó con una educación exquisita, eso sí. Twitter bloqueó la cuenta el mismo día, perotardó casi un mes en devolvérsela a su dueño legítimo tras realizar una investigación sobre lo sucedido.

Lo mismo estuvo a punto de ocurrirle a Josh Bryant, dueño de la todavía más valiosa @jb (si piensa que es valiosa por el whiskey y no ha caído en que son las iniciales de Justin Bieber y de Jonas Brothers, es ustedmás viejo de lo que cree). Llegaron a ofrecerle medio millón de dólares por ella, pero los rechazó -porque eso ni es dinero ni es na’– y fue víctima del mismo tipo de ataque.

Por suerte, pudo detenerlo antes de que obtuviesen acceso a su cuenta de correo electrónico, justo cuando el atacante consiguió resetear su contraseña de Amazon. Después, un mail de Apple le permitió obtener la dirección del ‘ladrón’ y pudo conversar con él y confirmar que todo había sido un intento de conseguir su cuenta de Twitter. Afortunadamente, ocurrió cuando estaba delante del ordenador y pudo pararlo a tiempo.

 

 

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