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LA MAFIA DE LOS TOROS

SPAIN/

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Recientemente leí un artículo en El País del periodista Antonio Lorca, que me sorprendió por su crudeza y sinceridad. Es sabido que las corridas de toros están en decadencia, por lo que todos los involucrados en ellas no hacen otra cosa que ensalzarlas. Pero en este artículo se habla de la verdad en el mundo de los toros, que es muy distinta a la que normalmente se dibuja. Y lo dice un experto.

Por su importancia, voy a plasmar algunos de sus párrafos más interesantes:

Enrique Ponce, figura indiscutible, lleva años lidiando inválidos y demostrando que es un perfecto resucitador de muertos vivientes.

“El Juli, otro torero que ha alcanzado la gloria por méritos propios, está encasillado en un encaste bondadoso y tullido que le permite mantenerse con comodidad en las alturas.

José Tomás, un diestro de leyenda, goza de unas rentables vacaciones. Erigido en fenómeno social, huye con descaro de la exigencia, y hace caja, (¡y qué cajas!), ante corridas muy escogidas en plazas sin responsabilidad.

La feria de Bilbao ha sido un desierto; en presencia de las figuras más reconocidas y con los toros más comerciales, las entradas no vendidas se han acumulado en las taquillas. El mismo caso se ha producido en la reciente feria de Almería. Madrid es un dolor cada tarde, y esta es la tónica habitual en todos los ciclos taurinos que se celebran en este país. La verdadera noticia es una plaza llena.

Y lo más curioso, -también lo más preocupante-, es que no sucede nada. Nadie se da por aludido. Está demostrado que las figuras no interesan, pero continúan en el palmito. Fracasan las empresas, pero ahí siguen. El toro está desaparecido, pero no importa.

¿Qué ocurre, entonces? (La causa) Ocurre que el toreo es una mafia, un grupo organizado para la defensa de sus intereses sin demasiados escrúpulos, que actúa al margen de sus clientes, a los que engaña y decepciona tarde tras tarde. Por eso, la gente no va a las plazas, porque está cansada de mentira y aburrimiento.

Una mafia cerrada a cal y canto que impide la necesaria revolución y el paso a los nuevos toreros. Y cuando alguno consigue entrar porque se le considera beneficioso para el sistema, se convierte en el peor enemigo de sus compañeros aspirantes. Por esta razón, entre otras, es tan difícil que los jóvenes triunfen. Si ser figura ya es más difícil que alcanzar el papado de Roma, el asunto se complica si el sistema obstaculiza y cercena los sueños de los que llegan. En dos palabras: que el negocio es de cuatro, y ya se esmeran en que no aumente el número de los que se reparten los beneficios. Por eso, los carteles son siempre los mismos, interesen o no a los públicos.

El toreo es un monopolio de cuatro figuras y cuatro empresas que imponen toros y compañeros. Abusan de su posición dominante y ofrecen a los clientes un producto que, a la vista está, solo interesa a los que se benefician de él. Vamos, que si el toreo fuera algo serio, no se le permitiría a José Tomás anunciarse en plazas de segunda con toretes de amable condición, del mismo modo que el Real Madrid no juega con el Alcantarilla C.F.

Por todo ello, -y por fuertes razones políticas y animalistas-, la fiesta de los toros desaparecerá más pronto que tarde. Pero no sucederá tal cosa por imposición de los que mandan, sino por la desidia de los que pagan.

Y todo ello sucede con la cooperación necesaria de unos periodistas -aquí nos incluimos todos- empeñados en cuidar, proteger y preservar la fiesta de los toros, y, en consecuencia, ocultar sus pecados.”

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