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LA MANZANILLA Y LA MOLA

imagesCuando tenía 20 años, hice las prácticas de Alférez de Complemento en Mahón, de donde me destinaron a un Campamento de Reclutas  de un promontorio que hay en la entrada del puerto de Mahón, llamado La Mola. Este Campamento estaba al lado de una Penitenciaría Militar de Legionarios, y ambas instituciones totalmente aisladas del resto del mundo.
Fue para mí una buena ocasión para acumular experiencias, y aprender algo de lo que es la vida. Intenté no perder el tiempo.
Con los reclutas me llevé muy bien, eran muy buenos chicos, labradores o pastores de Castilla, a los que intenté ayudar enseñándoles los conceptos básicos de la higiene personal. Algo les debió quedar.
Pocos días antes de mi llegada a la isla, se escaparon del Penal dos reclusos, llamados “la paquera” y “el grillo”, ambos en viaje de novios por la isla, ya que no tenían ninguna posibilidad de salir de ella. Durante los tres días que les duró la aventura, acuchillaron a dos labriegos que se encontraron por el camino.
Yo tuve la oportunidad de verlos en sus celdas cuando llevaban en ellas unos cuatro meses. Estaban en espera de juicio, pero encadenados a la pared, sin salir en ningún momento de la celda, y a régimen de pan y agua, que consistía en agua, un “chusco” y una sopa caliente al día. Lo que más me impresionó de ellos, y que recuerdo muy bien, fue su piel blanca, del color de la muerte.
La Mola también es famosa por otras cosas, por ejemplo, por su manzanilla, que se da de forma silvestre por todo el promontorio, y que tiene fama por su buen sabor y por sus propiedades medicinales.
En España, cuando se piensa en una infusión tranquilizante, se piensa en la tila, y la manzanilla se queda para la mejor digestión. En el resto del mundo, la infusión tranquilizante que se toma es la manzanilla. El gran consumidor de manzanilla es Italia, que la tiene que importar hasta de Australia y Argentina, y en donde es conocida como “el café de la noche”. La marca comercial más conocida se llama “Sogni d´Oro”.
Bien, pues los reclusos del Penal descubrieron estas propiedades de la manzanilla. Se ponían muchas cabezuelas de la manzanilla en la boca, y allí las masticaban hasta que conseguían llegar a un estado de sopor, en donde no comían ni bebían durante muchas horas o incluso algunos días. Los recuerdo sentados en el suelo, apoyándose la espalda en una pared, masticando y con los ojos perdidos.
La situación de estos reclusos era dramática, pues sabían que al terminar su condena eran destinados a un batallón disciplinario de la Legión, a lo que se negaban en absoluto. Ello les llevaba a que, cuando estaban por terminar su condena, procuraban cometer algún delito para alargarla y no ir al Batallón. Todo un mundo tétrico que espero no tenga repetición, al menos en nuestro País.

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