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LA SANTA INQUISICION

1315418394_0La Inquisición se implantó en 1478 por iniciativa de los Reyes Católicos, con la finalidad de combatir las prácticas judaizantes de los judeoconversos de Sevilla. Dependía directamente de la monarquía. Posteriormente, la Inquisición se extendió a los reinos de la Corona de Aragón, incluyendo Sicilia y Cerdeña, y a los territorios de América. Se nombró Inquisidor General a Tomás de Torquemada, y era la única institución común a todos los españoles, con excepción de la propia Corona.

Sobre los motivos que tuvieron los Reyes Católicos para crear la Inquisición, cabe destacar:
  • Establecer la unidad religiosa, además, la Inquisición permitía a la monarquía intervenir activamente en asuntos religiosos sin la intermediación del Papa
  • Debilitar la oposición política local a los Reyes Católicos, imponiéndose así a los fueros propios de cada lugar
  • Acabar con la poderosa minoría juedeoconversa
  • Financiación económica, ya que una de las medidas que se tomaba con los procesados, incluso antes de la sentencia,  era la confiscación de sus bienes
Aunque la Inquisición fue creada para evitar los avances judaizantes, se ocupó también de una amplia variedad de delitos que solo indirectamente pueden relacionarse con la heterodoxia religiosa. Están registrados casos sobre: moriscos, luteranos, alumbrados, supersticiones, proposiciones heréticas, bigamia y ofensas al Santo Oficio.
Los procesos aprobados para la Inquisión no tienen nada que ver con el Derecho Romano, ni con el sentido común, sino que fueron creados para una mayor facilidad en la inculpación de los procesados. Así, toda denuncia, incluso anónima, era válida. Una vez recibida, se abría una investigación secreta que al revelar algún indicio, por débil que fuera, conducía a la detención de la persona y a la confiscación de sus bienes. Se le tomaba declaración que incluía siempre sobre si tenía alguna sospecha acerca del motivo de la detención. Si después de preguntarle tres veces el acusado persistía en la misma respuesta negativa, se abría propiamente el proceso. Durante toda la secuela de éste –que a veces tardaba años- el acusado permanecía incomunicado en la llamada cárcel del secreto y ni siquiera podía hablar con él uno de los inquisidores si faltaba alguien que pudiera servir de testigo. El acusado nunca era informado del nombre de quienes declaraban en el proceso. A todos los testigos se les exigía el juramento del secreto.
Los sacerdotes estaban obligados a testimoniar los secretos de confesión que atentaban contra la ortodoxia religiosa.
Raramente la sentencia era la absolución, pues esto indicaría que la Inquisición se habría equivocado. En estos casos se declaraba un receso en el tiempo, el acusado quedaba en libertad, pero bajo vigilancia, y con los bienes embargados.
Sobre el número de procesos abiertos, se calculan en varios cientos de miles, de los cuales, cerca de cien mil terminaron con la sentencia de muerte. Si tenemos en cuenta que en la Edad Media la población de España era de unos ocho millones, comprenderemos la gran importancia de la Inquisición.
La Inquisión fue abolida por José I (hermano de Napoleón) y por las Cortes de Cádiz, pero vuelta otra vez con Fernando VII.
La Junta de Fe de Valencia tiene el triste honor de condenar a muerte al último hereje ejecutado en España, el maestro de escuela Cayetano Ripio, ahorcado el 31 de julio de 1826, y todo ello entre un escándalo9 internacional en Europa por el despotismo que todavía pervivía en España.
La Inquisición fue definitivamente abolida el 15 de julio de 1834. Su pervivencia fue, por tanto de 356 años

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