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No votes a Albert Rivera

En 2005 George Lakoff, un filósofo norteamericano del lenguaje, publicóNo pienses en un elefante. Quería demostrar cómo se puede manipularla mente de las personas a través de trucos lingüísticos, sobre todo recurriendo a metáforas. Él lo denomina “marcos mentales”. Escribía Lakoff contra los conservadores del Partido Republicano en Estados Unidos, cuyo símbolo es precisamente un elefante. George Orwell ya nos advirtió contra la neolengua. Llamar al ministerio que se encarga de preparar la guerra “Ministerio de Defensa”, por ejemplo. Contra la guerra está instintivamente casi todo el mundo, pero defensa suena a violencia legítima.

Los seres humanos pensamos tanto con razones como con emociones y las metáforas son mucho más poderosas que los conceptos en la vida cotidiana. Nos motiva mucho más escuchar que nuestros ojos son tan profundos como el mar que el que nos digan que tienen un diámetro de dos centímetros. Esto lo saben muy bien los creativos de los departamentos de publicidad. BMW no nos vende coches sino emociones: “¿Te gusta conducir?”. Y Coca Cola nos ha convencido hace lustros que una bebida consistente básicamente en agua y azúcar es “la chispa de la vida”.

También lo saben en los departamentos de comunicación de los partidos. Esos programas de más de cien páginas, que no lee casi nadie, se tienen que reducir a un eslogan repetido hasta que se grabe en la mente de los posibles votantes. Adolfo Suárez y su “Puedo prometer y prometo”, Felipe González cabalgando su “Por el cambio”, José María Aznar subido al “Váyase, señor González”. En el País Vasco, etarras y afines hablaban de “lucha armada” y no de “terrorismo”. En Cataluña han sido muy hábiles los nacionalistas introduciendo en el lenguaje político el sintagmaderecho a decidir (que tiene cualquiera y que, por cierto, llevan ejerciendo como el resto de españoles durante los cuarenta años de Constitución) por derecho a la independencia (que tienen los pueblos colonizados y explotados, luego no Cataluña que disfruta de una estupenda autodeterminación desde que tienen autonomía y autogobierno).

La irrupción de Podemos fue a lomos de una nueva metáfora, “la Casta”, ser amorfo e indeterminado que servía perfectamente a la estrategia de Pablo Iglesias, y sus marxistas reciclados en centristas indignados, de meter en el mismo saco a políticos y empresarios de todo pelaje y condición. Otro partido político, Ciudadanos, por el contrario, apostó por la reconciliación en lugar del enfrentamiento; un partido siempre proactivo y positivo. Si Podemos denuncia que el vaso de la democracia española está medio vacío, y que contiene una mezcla de cicuta y vitriolo, Ciudadanos lo ve medio lleno y pretende llenarlo hasta arriba con una sentencia tan discutible como esperanzadora: “Lo imposible es solo una opinión”, que, como sospechan, no es de Immanuel Kant sino de Mohamed Alí. Pero nadie gana elecciones democráticas citando a filósofos alemanes muertos.

En el fondo es algo más profundo. No es la economía, estúpido, ni la educación, estúpido, ni la independencia de Cataluña, estúpido. Son los valores. Que seas capaz de transmitir confianza y autenticidad. Algo que compartían Ronald Reagan, un elefante republicano, y Barack Obama, un asno demócrata. Algo que no tienen Rajoy ni Sánchez, que ha ido dilapidando Iglesias al convertirse en “casta” y que a día de hoy chorrea Rivera.

Dado que, desde el punto de vista retórico, Rajoy y Sánchez ni están ni se les espera, abonados a una política zombi y una economía fantasmal, el debate queda establecido entre los modelos de Iglesias y Rivera, entre una vuelta a la II República o una segunda Transición, entre Largo Caballero o Adolfo Suárez, entre la ruptura o la reforma, entre lo que ya fue y fracasó o lo que todavía no es pero está al alcance de la mano.

En su último libro, Manual del progresista, nos recuerda Lakoff que “lo más importante del mensaje es el mensajero”. Por eso no es de extrañar que, entre Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Albert Rivera, haya elegido a este último como protagonista para el artículo. No lidera las encuestas como el preferido por los españoles para ser el próximo presidente del Gobierno porque sea el más guapo, en eso le gana Sánchez, ni el que cuenta con más experiencia, Rajoy es imbatible, y tampoco el más original, desde su núcleo irradiador le supera Iglesias. Es que es el único que es capaz de mirar a los ojos al electorado y decirle sin tapujos y sin dobleces lo que de verdad piensa. Podrás estar en desacuerdo con él pero al menos sabes que no te miente.

Ciudadanos es la mejor opción desde un punto de vista liberal-demócrata en España. Pero de todos modos no votes a Albert Rivera únicamente por eslóganes, la buena imagen o porque se ha puesto de moda. Puede ser que la marca Ciudadanos y la marca Albert Rivera seantrending topic, tengan flow y sean cool. Pero los políticos no son un mero producto comercial, aunque desde los departamentos de marketing se emperren en tratarlos como si fueran una tripa de chorizo o una botella de lejía. No votes a Albert Rivera si no estás realmente convencido de que sus propuestas económicas, políticas y sociales son las mejores para el país y para ti. Ni a ningún otro. Trata de ser un votante racional y no uno superficialmente emocional. Y si entonces estás seguro de que sus propuestas son las mejores, o las menos malas, entonces sí, vota a Albert Rivera.

http://www.libertaddigital.com/opinion/santiago-navajas/no-votes-a-albert-rivera-77139/

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