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Proceso de éxito

Obligación, Compromiso, Ilusión, Dedicación
Mira- le decía el director de una entidad a una joven recién incorporada a la empresa-¡No dejes que las obligaciones te amarguen la vida! Si asumes el compromiso de sacar adelante lo que te toca hacer, le pones ilusión y te dedicas a ello con seriedad, verás cómo te cambia el panorama y hasta disfrutarás.

Vaya lección de sentido común y realismo recibimos los que pudimos oírle. Anoté rápidamente lo esencial del discurso y me puse a reflexionar al respecto pensando en mí mismo y en personas con aspiraciones a realizar funciones sociales y ejercer de líderes. Entre otras cosas, me preguntaba:

¿Es que el placer o la felicidad se consiguen sólo por la vía de hacer lo que nos viene en gana y nos gusta? ¿No parece ilógico y un grave error, con fatales consecuencias, dejarse llevar por el me gusta o no me gusta, me apetece o no apetece, tengo ganas o no las tengo, me cuesta y no quiero hacer esfuerzos?

¿Quién puede vivir sin someterse libremente a las obligaciones que nos marcan las leyes naturales o las normas cívicas?  ¿Qué pasaría si no aceptásemos la ley de la gravedad y tratásemos de vivir al margen de las obligaciones que nos impone? Y ¿Qué sociedad tendríamos si no hubiese leyes justas  de obligado cumplimiento?

¿Qué nivel de desarrollo personal, profesional o deportivo alcanzaríamos si no aceptásemos el cumplimento de las obligaciones – de cuidado personal, estudio, entrenamiento, etc. –  requeridas para afrontar las metas establecidas? Todos sabemos que es la “ley del máximo esfuerzo voluntario” la que se fijan y siguen los deportistas y profesionales de alto rendimiento, en contraposición a la “ley del mínimo esfuerzo” que rige en personas pusilánimes, vagas y sin aspiraciones.

 ¿Y qué decir de las obligaciones morales, para con uno mismo y para los demás, derivadas de las normas morales naturales y que, aún permaneciendo en el foro interno de la conciencia, son tan o más importantes que el resto de obligaciones; y que tienen efectos muy relevantes para la persona y la sociedad?

Mirémoslo por donde queramos que, nuestra vida está llena de obligaciones, sean de   uno u otro tipo, y ¡Menos mal que es así! Porque, si fuese de otro modo ¿Qué sería de nosotros y de la sociedad? Pienso que imperaría el egocentrismo, la insociabilidad,  y todo tipo de desgracias  derivadas de la degeneración humana

Evidentemente, el reto que se nos plantea a título individual y social, es aceptar el proceso que nuestro colega mostró a su nueva compañera de trabajo como si fuese un “Proceso de Éxito” en la vida, y que consiste en:

–          Ver las obligaciones – sean las que fueren – como oportunidades y algo positivo de lo que se derivarán beneficios para uno mismo y los demás. Al igual que de los fracasos y caídas se pueden generar impulsos e ilusiones renovadas por alcanzar las metas establecidas

–          Asumir como compromiso personal el hacer lo que convenga hacer para cumplir con las exigencias derivadas de tal decisión

–          Poner ilusión en la consecución del éxito esperado y

–          Dedicación eficiente y responsable a las tareas requeridas

Viene a mi memoria un comentario ad hoc para esta ocasión de un reconocido “luchador social” que, consciente de haber recibido un cometido por inspiración divina, asumió ejemplarmente el compromiso de sacarlo adelante hasta con la entrega de su vida. “Hoy he aprendido a estar contento en todas las circunstancias, sean las que fueren” decía San Pablo

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