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PUNTOS FUERTES Y DÉBILES DEL PP

Sin duda que el principal punto fuerte que tiene el PP es el que tiene el poder, es el dueño del ejecutivo, por lo cual puede atender a las miles de peticiones para ocupar cargos públicos para sus afiliados y afines. Este es el gran mérito de Rajoy, que ha sabido contentar a casi todos sus incondicionales. Pero no todo son alegrías en su Congreso. También tiene sus puntos débiles.

El primero y principal es que la sombra de la corrupción sigue persiguiéndole. En vísperas del congreso se ha sabido que nueve empresarios implicados en la rama valenciana del caso Gürtel han admitido que financiaron ilegalmente al PP, tras un pacto con la fiscalía para reducir las consecuencias de sus propias responsabilidades. Y a la semana siguiente de que el congreso popular haya fortificado el poder interno de su presidente, el representante legal del PP y la exministra Ana Mato están citados para declarar en el juicio que se celebra en la Audiencia Nacional.

Es improbable que el Partido Popular dé la sorpresa de abordar en su congreso el debate sobre la corrupción, del que ha huido todo lo que ha podido, pero debería hacerlo. En las elecciones de 2015 ya le costó un buen puñado de votos y su implicación en graves asuntos ha complicado notoriamente las relaciones con partidos que, en circunstancias menos oscuras, habrían sido más fluidas. La sombra de la corrupción continúa persiguiéndole porque no se trata de un mal menor ni de hechos aislados, sino de una amenaza seria.

Pero además, el PP tiene más puntos débiles, por ejemplo que hay amplias capas de la población que no lo soporta. Me refiero a la población joven y que vive en ciudades de más de 50.000 habitantes, y que durante la crisis ha visto reducido su poder adquisitivo y limitadas sus expectativas de bienestar futuro,

o a las Comunidades del País Vasco y de Cataluña que representan ellas solas el 20% de la población nacional.

Otro punto débil son los jóvenes millenials. Una población que se siente la gran perjudicada por la crisis mientras afronta nuevos problemas, como la competencia global o la falta de incentivos en el trabajo. Sus componentes se resisten a asumir que el futuro ya no es lo que era, un lugar irremediablemente mejor, y muestran desinterés por las formas tradicionales de hacer política mientras buscan opciones distintas de los partidos de siempre, contemplando con normalidad el pluripartidismo. No en vano, en las dos últimas elecciones, un buen número de ellos dudaron entre PP y Ciudadanos, al que muchos ven como un partido más cercano a sus intereses y su “heredero” natural.

Otro punto débil que tiene el PP es su posicionamiento como garante de la estabilidad, que lo ha convertido en un “valor refugio”, ideal para resguardarse en momentos de crisis, y que le ha permitido seguir gobernando. Aunque coyunturalmente haya sobrevivido mejor que los demás, esta posición no puede convertirse en una opción permanente. Ante un desbordamiento de la inestabilidad, la opción refugio resultaría insuficiente. Y ante una mejoría de la situación existe el riesgo del aburrimiento e incluso de  someter a debate las instituciones que han propiciado el momento actual, considerándolas un obstáculo en lugar de una garantía.

En esta labor de mantener su actual posicionamiento, la actitud y el tono pueden resultar más importantes que la propia gestión. Será  necesario también tener una respuesta estrictamente política, de ideas y de comunicación, con argumentos y emociones, de los cuales tradicionalmente ha carecido el PP.

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