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¿QUÉ ES POPULISMO?

En estos últimos tiempos he visto en infinidad de ocasiones la palabra “populismo”, aplicada tanto a políticos o doctrinas de izquierdas (PODEMOS) como de derechas (Le Pen), sin saber exactamente lo que significa.

Por fin hoy, en un artículo de Libertad Digital de Carlos Alberto Montaner, he tenido la oportunidad de averiguarlo. Dice el autor que para poder calificar a un gobierno de populista, es necesario que coincidan seis o siete síntomas de los más graves para determinar que se trata de un régimen de esa naturaleza. Y los síntomas más graves, son los siguientes:

  • Anti-elitismo. Se culpa a la élite política, económica, o simplemente urbana, de colocarse de espaldas a las necesidades del pueblo. En Camboya llegaron a ejecutar maestros por saber leer y escribir. En China, durante la Revolución Cultural de Mao, apresaron a personas por llevar lentes.

  • Sólo nosotros somos los auténticos representantes del pueblo. Los otros son los enemigos del pueblo. Los otros, por lo tanto, son unos seres marginales a los que se puede y se debe castigar.
  • Se cultiva el aprecio por un líder que es el gran intérprete de la voluntad popular. Alguien que trasciende y supera a las instituciones, y cuya palabra se convierte en el dogma sagrado de la patria (Hitler, Mussolini, Perón, Fidel Castro, Hugo Chávez).
  • Adanismo (por Adán). La historia comienza con ellos. El pasado es una sucesión de fracasos, desencuentros y puras traiciones. La historia de la patria se inicia con el movimiento populista que ha llegado al poder para reivindicar a los pobres y desposeídos tras siglos de Gobiernos entreguistas, unas veces vendidos a la burguesía local y otras a los imperialistas extranjeros.
  • Una nefasta creencia en la propia superioridad que conduce al proteccionismo o a dos reacciones aparentemente contrarias: el aislacionismo, para no mezclarnos y contaminarnos con los diferentes, o el intervencionismo, para esparcir nuestro magnífico modo de organizarnos, lo que da lugar a sangrientas aventuras.
  • O la acción planificada del Estado, y nunca el crecimiento espontáneo y libre de la sociedad y sus emprendedores, lo que supuestamente colmará las necesidades del pueblo amado, necesariamente pasivo.
  • Concebido para generar millones de estómagos agradecidos que deben todo al gobernante que les da de comer y acaban por constituir su base de apoyo.
  • Centralización de todos los poderes. El caudillo –o la cúpula dominante– controla el sistema judicial y el legislativo. La separación de poderes es ignorada.
  • Doble lenguaje. La semántica se transforma en un campo de batalla y las palabras adquieren una significación diferente. Libertad se convierte en obediencia, lealtad en sumisión. Patria, nación y caudillo se confunden en el mismo vocablo y se denomina traición a cualquier discrepancia.
  • Desaparición de cualquier vestigio de cordialidad cívica asociado a la tolerancia y la diversidad. Se utiliza un lenguaje de odio que preludia la agresión. El enemigo es siempre un gusano, un vende-patria, una persona entregada a los peores intereses.

Ahora le toca a usted, lector, discernir si el Gobierno de nuestro país es a) perdidamente populista, b) moderadamente populista, c) nada o casi nada populista. Vale le pena hacer ese ejercicio.

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