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Rajoy pierde la primera votación al cosechar 180 ‘noes’ frente a 170 ‘síes’ pero amarra la investidura

402Mariano Rajoy perdió, como estaba previsto, la primera votación de investidura –170 apoyos frente a 180 rechazos-, pero el sábado, a las 20.00 horas, la ganará. Este jueves ya hubo un anticipo de victoria porque el candidato del PP se impuso en el debate. Llegó con las dosis justas de réplica preparadas para cada uno de sus rivales: comedida para el PSOE, desbordante para Podemos, imperceptible para Ciudadanos, contundente para ERC.

El aspirante lanzó un mensaje central en torno al cual hizo bascular todas sus intervenciones: toca abrir una etapa de diálogo y entendimiento que haga posible una legislatura de oportunidades, preservando las guías económicas fundamentales -las principales reformas aprobadas en los últimos cinco años- y explorando caminos que permitan un nuevo progreso.

Pidió para ello la ayuda y el compromiso de la Cámara y dijo estar dispuesto a hacer cuanto esté en su mano para facilitar el pacto y el acuerdo, principalmente con el PSOE, la fuerza clave que ayer se le resistió pero que mañana con la abstención de la mayor parte de sus 84 diputados abrirá la puerta a la conformación de Gobierno.

Rajoy reclamó ayuda para poder gobernar. Sólo la investidura no basta. La aprobación de los Presupuestos para 2017 han de ser el primer paso, la prueba de fuego del auténtico desbloqueo. Así se lo pidió a Ciudadanos y sobre todo al PSOE.

Albert Rivera, con quien el PP tiene suscrito desde agosto un acuerdo de 150 medidas, no plantea obstáculos insalvables. El futuro presidente lo sabe. Con ellos el objetivo es que no apoyen iniciativas derogatorias que afecten a las leyes y reformas que según Rajoy han sido fundamentales para rescatar al país de la recesión.

Antonio Hernando, portavoz socialista del PSOE. | ALBERTO DI LOLLI

Caso distinto es el del Grupo Socialista, obligado a marcar distancias para no ser presa fácil del discurso de Podemos que ya le sitúa como una de las columnas de lo que Iglesias ha definido como «la Triple Alianza».

El portavoz impostado del PSOE, Antonio Hernando, que defendió durante meses a capa y espada el «no es no» y ahora debe apostar por la abstención, se esforzó con un discurso de advertencia: «No tiene usted ni nuestra confianza ni nuestro apoyo. Ya le adelanto que será muy difícil que apoyemos sus Presupuestos. Tendrá que conseguir la gobernabilidad semana a semana y la estabilidad, votación tras votación».

Rajoy daba esta actitud por descontada. En relación con el PSOE para él lo trascendental era el desbloqueo. Una vez conseguido, y elogiado, confía en que el terreno de juego, aunque plagado de obstáculos, ofrezca algunas posibilidades. «La responsabilidad de la gobernabilidades sobre todo mía», admitió el presidente in péctore, «pero no sólo: espero que la que demostrarán con su abstención, la extiendan hacia el futuro».

“Mínimos de gobernabilidad”

El candidato insistió en que «hay unos mínimos de gobernabilidad sin los cuales España correrá el riesgo de vivir una legislatura estéril». «Yo», aseguró, «voy a apuntarme a construir». Y para dar muestras de buena voluntad hacia el PSOE apuntó su disposición a «hacer todo lo posible para reflexionar conjuntamente sobre la España que queremos». Sólo habrá una condición: respetar la ley o, lo que es lo mismo, la soberanía nacional, la unidad de España y la igualdad entre españoles. Rajoy no quiso hablar de una reforma amplia de la Constitución, sin embargo sugirió que no todas las puertas están cerradas: «Ofrezco», añadió refiriéndose al problema catalán y a la vertebración territorial, «mi máxima disposición al diálogo aun cuando no esté claro ni el formato ni el foro».

Igualmente intentó tender puentes cuando anunció la suspensión de los efectos académicos de las reválidas al menos hasta que se consiga el pacto nacional por la educación que propuso el miércoles.

Pablo Iglesias y Mariano Rajoy, en el Congreso. | EFE

Con el líder de Podemos, Rajoy mantuvo un auténtico rifirrafe. Iglesias se apuntó a la estrategia parlamentaria de la provocación y se arrogó, una vez más, la representación de la calle y de lo que el entiende por «patria». Despreció al Congreso e incluso dudó del honor de la Cámara e intentó presentar de nuevo a PP y PSOE como la misma cosa, cebándose con los socialistas por su viraje del noa la abstención. «De aquí saldrá más PP, más corrupción, más inmovilismo, más recortes, más de lo mismo», vaticinó antes de asegurar que Podemos será la auténtica «oposición» y más pronto que tarde llegará al poder.

Fue entonces cuando superó la raya: «Aquí dentro hay más potenciales delincuentes que fuera». Luego citó nombres como el del ex ministro José Manuel Soria, o el del ex diputado del PP Vicente Martínez Pujalte sin importarle el hecho de que sobre ninguno de ellos pese una sentencia condenatoria.

Rajoy, probablemente uno de los pocos parlamentarios a los que Iglesias no consigue soliviantar, empleó en su respuesta un tono aleccionador: «Reflexione, por favor, si somos tan malos ¿por qué tenemos más apoyo que ustedes? Recuerde los resultados del 20-D y del 26-J, los suyos y los nuestros. Yo gané las elecciones usted, no».

El candidato reprochó a Iglesias que más allá del discurso encendido no hubiera presentado propuesta ni idea alguna para el futuro del país y, de paso, le recordó los 1,2 millones de votos que Podemos, pese a coaligarse con IU, se dejó en el camino entre diciembre y junio.

Rajoy observa a Rivera tras bajar de la tribuna de oradores. | A. DI LOLLI

Con Albert Rivera el cara a cara se saldó sin sorpresas. El líder de Ciudadanos enhebró una intervención suave con continuas alusiones a la necesidad de arrimar el hombro y trabajar para que el país recupere la marcha. Sus apuntes más acerados estuvieron dirigidos a Podemos a quienes recomendó «menos gritar y más dar soluciones a los españoles».

Defendió el pacto de 150 medidas suscrito con el PP y lo presentó como un compendio de exigencias arrancado por su partido a los populares. «No queremos populismo ni inmovilismo, queremos», dijo Rivera, «una tercera vía de modernización».

A Rajoy prácticamente no le apretó las tuercas, aunque recordó que C’s reclamará una comisión de investigación sobre la corrupción en el PP. El candidato dio por hecho que con Rivera será posible pactar más cosas que las incluidas en el acuerdo de agosto. Y sólo le planteó una demanda: comprometerse a no derogar las grandes reformas aprobadas bajo su mandato.

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