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TERESA ROMERO

14136366374198_104x70Esta es una mujer de verdad, de las que marcan historia. A pesar de que era conocedora de los peligros que entrañaban el estar cerca de un moribundo por infección del ébola, ella no lo dudó ni un momento. Ella ayudó al paciente en todo lo que pudo, hasta que falleció. Incluso después se preocupó que los despojos fueran tratados convenientemente. Sin embargo, ella terminó infectada por la misma enfermedad.

Bien, pues lo que hasta ahora ha merecido esta mujer, es que la traten de mentirosa y de falta de capacidad de aprendizaje, y encima le matan a su perro, sin ninguna necesidad. Ahora dice que se siente atropellada, pues no es nada extraño que se sienta triste y deprimida, a pesar de haber superado la fase crítica del ébola. Han sido muchos los fallos que los políticos han tenido en este caso.
Desde dar por buena una formación específica sobre el tratamiento de la enfermedad de forma muy deficiente, tal como ha denunciado el Colegio de Enfermería, a tratar de culpabilizar a Teresa de todos los males del caso, ha sido una constante cascada de puyas que los políticos han dado a Teresa. Encima, en lugar de poner a su perro en cuarentena, prefieren matarlo, sin considerar lo que ello podría representarle a Teresa.
Si Teresa hubiese pertenecido a alguna élite, las cosas hubiesen sido muy diferentes. Pero no, Teresa es solamente una mujer normal, ejemplar en su profesión, y que llevaba una vida normal. En consecuencia, se la quiere hacer pasar por la culpable de todo, al igual que al conductor del tren Avia que descarriló por exceso de velocidad y murieron 74 personas. Siempre, según los políticos, el culpable es el más débil.
La Sra. Mato, que últimamente está de muy mal humor pues hace tiempo que no recibe regalos de la familia Gurtel, no ha podido llevar peor el caso de Teresa. Pasaron varios días, y ella no daba ninguna explicación. Al final, empujada por el creciente malestar de la ciudadanía hizo unas declaraciones, en las que vino a decir que los procedimientos no habían tenido ningún fallo. Lo que no dijo es que a continuación variaron todos los protocolos de atención a los enfermos de ébola, por algo sería. Pero de dimitir, nada de nada, está agarrada a la tetilla de la vaca política como tantos otros.
El Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, Javier Rodríguez, autor de las frases más despectivas hacia Teresa, y responsable directo de todo el caso, tampoco dimite. Es médico cirujano y sustituyó al Sr. Lamela que fue quien, con su política de privatización de la Sanidad, levantó todas las llamadas “mareas blancas”. Su principal objetivo que le marcaron fue la de ofrecer diálogo y tranquilidad a médico y enfermeras. Vaya bicho debe ser este señor, cuando no dimite después de su fracaso, y encima se atreve a decir que él no necesita a la política para vivir.
¡Animo Teresa!, vendrán tiempos mejores.

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