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UNA SIDRERIA VASCA

10Una vez me invitaron a comer en una sidrería de Vizcaya. Yo no había estado nunca en una de ellas, y me pareció interesante conocerlas.

Después de tres cuartos en coche, y por las montañas, encontramos un enorme caserío que era la sidrería. A su alrededor campos de manzanos, de donde procedía la sidra que allí prensaban.
La sidrería era un fabuloso restaurante, no por la decoración que era la propia de un viejo caserío, sino por la comida, casi toda ella hecha a la brasa. Las mesas de madera vieja y muy alargadas, en lugar de sillas tenían bancos tan largos como las mesas.
El menú era muy corto. Dos tipos de carne, morcillas, dos pescados, verduras,  tortillas y ensaladas, y no lo tenían impreso. Tenías que ir a hablar con la encargada, y a la vista de lo que había en aquél día hacer el pedido. Pero todo era de una calidad infinita y a un precio muy asequible.
Para beber, la sidra era gratis, aunque tu mismo tenías que ir a servirte. Al lado del comedor había un cobertizo que unas botas gigantescas. Una de ellas estaba preparada para escanciar la sidra. Si abrías el grifo salía un poderoso y delgado chorro de sidra hacia la altura y cuando caía tenías que poner el vaso. Y te servías todo lo que querías.
El ambiente muy vasco, con gente hablando el euskera, con pandillas de chicos separados de las pandillas de chicas, y con muchas familias, parejas con niños pequeños. Un ambiente relajado y cómodo.
Después de comer fuimos a dar una vuelta por el campo, y observamos los enormes manzanos cargados de frutos. Una delicia que os recomiendo a todos.

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